Cuando las fiestas atraen a los estafadores
La llegada de las fiestas de fin de año transforma el ritmo habitual de la Universidad. El campus se vacía poco a poco, el trabajo se concentra para cerrar el año y muchos comenzamos a compaginar tareas académicas o administrativas con compras online, viajes, comidas familiares y mensajes constantes en el móvil. Es una época intensa, y precisamente por eso también es uno de los momentos preferidos por los delincuentes digitales.
En Navidad no aparecen riesgos nuevos, pero sí se dan las condiciones perfectas para que los de siempre funcionen mejor: prisas, distracciones, más actividad online y menos tiempo para comprobar si algo “cuadra”. Los fraudes por correo electrónico, SMS, llamadas telefónicas o mensajes en redes sociales aumentan de forma notable. No buscan conocimientos técnicos, buscan reacciones humanas.
Este artículo no pretende generar alarma ni añadir carga mental a unas semanas ya exigentes. El objetivo es ayudarte a reconocer las situaciones más habituales y a reforzar algunos reflejos sencillos que reducen mucho el riesgo, tanto para ti como para la seguridad colectiva de la Universidad.
Cuando el mensaje parece urgente
Uno de los patrones más comunes en las estafas de fin de año es la urgencia. El mensaje llega en un mal momento y exige una acción inmediata: “último aviso”, “su cuenta será bloqueada”, “entrega pendiente”, “actividad sospechosa detectada”. El objetivo no es informar, sino provocar una reacción rápida.
En estas fechas es habitual recibir avisos sobre envíos, devoluciones o problemas con entregas. Los mensajes fraudulentos imitan muy bien el tono de empresas de mensajería conocidas y suelen incluir un enlace para “reprogramar” la entrega o “confirmar” datos. A veces llegan por SMS, otras por correo electrónico, y cada vez con más frecuencia a través de aplicaciones de mensajería.
El principio básico es sencillo: si no esperas el mensaje o no reconoces con claridad el contexto, desconfía. No pulses enlaces ni facilites datos personales o bancarios. Si realmente hay un problema con un pedido, podrás comprobarlo accediendo directamente a tu cuenta en la web oficial de la empresa, escribiendo tú mismo la dirección o usando una aplicación que ya tengas instalada.
Correos que prometen premios o alertan de problemas
Otro clásico de estas fechas son los correos que anuncian premios, sorteos o regalos inesperados. Aprovechan campañas navideñas reales de marcas conocidas para hacer creíble el engaño. El mensaje suele ser positivo y atractivo, pero incluye un enlace que conduce a una página falsa donde se solicitan datos personales o de pago.
En el extremo opuesto están los correos que alertan de problemas: suscripciones caducadas, pagos rechazados o accesos sospechosos. Aunque el tono es distinto, la intención es la misma. Crear inquietud para que actúes sin verificar.
En el entorno universitario, estos mensajes pueden mezclarse con comunicaciones legítimas que recibimos a diario. Por eso conviene recordar que la Universidad no utiliza el correo para pedir contraseñas, códigos de verificación ni acciones urgentes relacionadas con supuestos fraudes. Si un mensaje te genera duda, no respondas y utiliza los canales oficiales del STIC para consultarlo.
Compras online y falsas oportunidades
Las compras por Internet se disparan en diciembre y con ellas proliferan anuncios fraudulentos, tiendas falsas y ofertas diseñadas para parecer irresistibles. A veces aparecen como publicidad en redes sociales, otras llegan por correo o se cuelan en resultados de búsqueda.
Una buena práctica es mantener una cierta rutina digital incluso en estas fechas. Comprar desde aplicaciones oficiales, utilizar tiendas que ya conoces y acceder siempre desde tus favoritos reduce mucho la exposición al fraude. No es infalible, pero sí eficaz.
Cuando dudas sobre la legitimidad de una tienda, hay señales sencillas que ayudan: URLs extrañas, textos mal redactados, condiciones poco claras o métodos de pago inusuales. Dedicar uno o dos minutos a comprobar opiniones de otros usuarios o buscar el nombre del sitio junto a la palabra “estafa” puede marcar la diferencia.
La llamada que llega en mal momento
El fraude telefónico sigue siendo una herramienta muy utilizada, especialmente cuando se combina con información previa obtenida en redes sociales o filtraciones. En Navidad, las llamadas que simulan ser de entidades bancarias o servicios de soporte técnico son más frecuentes.
El interlocutor suele transmitir calma y profesionalidad, pero introduce un elemento de urgencia: una operación sospechosa, un intento de cargo, una incidencia que hay que resolver “ahora mismo”. Incluso puede conocer tu nombre o algún dato personal para generar confianza.
Ante este tipo de llamadas, la recomendación es clara: no sigas instrucciones ni facilites información. Cuelga y contacta tú mismo con la entidad utilizando los números habituales. Este principio también aplica al ámbito universitario: nadie del STIC te pedirá códigos de doble factor ni acciones para “detener un ataque”.
Vacaciones, teletrabajo y dispositivos personales
Durante las fiestas, muchos miembros de la comunidad universitaria trabajan a distancia, se conectan desde otras redes o utilizan dispositivos personales con más frecuencia. Este contexto aumenta la superficie de riesgo si no se mantienen algunas precauciones básicas.
Conectarse a redes Wi-Fi públicas, compartir el portátil con familiares o instalar aplicaciones improvisadas “para salir del paso” son decisiones comprensibles, pero que conviene gestionar con cuidado. Mantener los dispositivos actualizados, bloquear la sesión cuando te ausentas y evitar redes abiertas para acceder a servicios universitarios reduce la exposición a incidentes.
La seguridad no consiste en desconfiar de todo, sino en ser consciente de cuándo el entorno cambia y adaptar el comportamiento. Igual que no dejarías documentación sensible a la vista en una mesa del campus, tampoco conviene relajar estas prácticas fuera de él.
El valor de parar y comprobar
La mayoría de los fraudes no se apoyan en fallos técnicos, sino en decisiones tomadas con prisa. Parar unos segundos, leer con calma y preguntarse “¿esto tiene sentido?” es una de las medidas más eficaces que existen.
En la Universidad convivimos miles de personas y sistemas interconectados. Cada cuenta protegida, cada enlace no pulsado y cada duda consultada a tiempo contribuye a reducir el riesgo global. La seguridad no es solo una cuestión técnica, también es una responsabilidad compartida.
Si algo te genera sospecha, no pasa nada por preguntar. Los canales oficiales del STIC están precisamente para eso: acompañar, aclarar y ayudar antes de que un problema crezca.
Mirando un poco más allá
Desde el STIC seguimos trabajando para reforzar la cultura de seguridad en la Universidad. En los próximos meses profundizaremos en temas como el uso seguro de la inteligencia artificial en el entorno académico, la protección de la identidad digital en redes profesionales y las buenas prácticas al compartir información en proyectos de investigación colaborativos.
La seguridad evoluciona con nuestros hábitos, y acompañar ese cambio es parte del compromiso con toda la comunidad universitaria.
- Revisa con calma los mensajes urgentes antes de hacer clic en enlaces o adjuntos.
- Accede siempre a servicios conocidos escribiendo tú mismo la dirección o usando tus favoritos.
- No compartas contraseñas ni códigos de verificación, ni siquiera ante mensajes convincentes.
- Comprueba la legitimidad de tiendas online antes de realizar compras navideñas.
- Cuelga ante llamadas sospechosas y contacta tú mismo con la entidad correspondiente.
- Mantén actualizados tus dispositivos, especialmente si trabajas fuera del campus.
- Bloquea tu sesión cuando te ausentes, incluso en entornos familiares.
- Evita redes Wi-Fi públicas para acceder a servicios universitarios.
- Consulta cualquier duda a través de los canales oficiales del STIC.